Noches en Vela

Noches en Vela

Si quieres conocer a Val y al resto de Ejecutoras, pasate por la Mansión. No te arrepentirás.

¡¡¡¡¡Nuevas noticias!!!!!

 

Weno, despues de mucho tiempo, vuelvo a pasar por aquí, pero no, no es para seguir subiendo cosillas en este blog. Me he embarcado en dos historias en solitario, y he acabado abriendo un nuevo blog donde subir los capis de ambas, además de mis historias como Val, la Ejecutora.


Os dejo el enlace del nuevo blog y espero veros por allí.

 

Pasión Desvelada

 


Muchos besotes a tod@s, y gracias por seguirme.

 

Huida Nocturna: La primera fiesta III

Val atravesó la verja y suspiró tranquila mientras se alejaba de la gran casa de piedra que era su hogar. Recorrió unos cuantos kilómetros y después se detuvo a un lado de la carretera observando por el espejo retrovisor la aparición de algún coche que la estuviera siguiendo. Con el corazón en un puño, esperó durante unos minutos, y al comprobar que ningún vehículo se acercaba por la oscura carretera sin apenas iluminación, cogió la mochila y sacó su vestido.

Se vistió en el interior del coche, se dio un poco de color en las mejillas ya sonrosadas por si solas y un poco de brillo en los labios. No estaba acostumbrada a maquillarse y eso debería bastar. Miró su pelo, se había olvidado de hacer algo con él. En fin, ya no había remedio, lo dejaría suelto. Sacó los zapatos, pero los dejó sobre el asiento, sería mejor conducir con el calzado que llevaba. Arrancó de nuevo y recorrió los pocos kilómetros que la separaban de la fiesta.

Cuando llegó a la zona residencial, redujo un poco la velocidad, buscando la casa en cuestión. Sabía cuál era, ya había estado antes acompañando a su padre, pero estaba tan nerviosa que hasta se le había olvidado exactamente dónde se encontraba. El que el barrio estuviera formado por casas muy parecidas las unas a las otras no ayudaba mucho. Mansiones semejantes a la suya, pero prefería cien veces la intimidad y tranquilidad que daba los terrenos y los bosques que escondían su hogar, a vivir en una zona como esa, que aunque estaban separadas por extensiones de metros entre ellas, no era la misma paz que se sentía en el campo.

Tomó a la izquierda la entrada a la mansión, traspasando las altas verjas dobles y recorriendo el camino asfaltado que llevaba hasta la zona habilitada como aparcamientos. Apagó el motor y  suspiró. Ya estaba ahí, ya estaba hecho. Bajó del coche y tan solo con poner los pies en el suelo, se dio cuenta de  que aun tenía puestas sus zapatillas deportivas.

«¡Joder! Bueno, tampoco quedan tan mal, son negras», pensó con una sonrisa, pero entró al coche y cogió los zapatos. Tras colocárselos, se enderezó y alisó el vestido, comprobando que no se notara la pequeña daga colocada en su muslo. Le hubiera gustado mirarse al espejo, ver su reflejo y qué tal le quedaba, en la tienda tan sólo lo compró, sin entretenerse por lo tarde que era. Tendría que conformarse, pero por lo poco que podía verse reflejada en el cristal del coche, le sentaba como un guante. Sonrió.

Tampoco pensó en salir así de su casa, a escondidas.

Suspiró y dio los primeros pasos, para cuando consiguió alcanzar la escalera que llevaba hacia la casa, estaba completamente estabilizada sobre ellos, o eso creía. Rezó para que así fuera.

Al llegar arriba, un doggen vestido para la ocasión esperaba en la entrada de puertas dobles de madera maciza. Sin preguntarle nada, la condujo hacia una estancia desde la que llegaba el sonido de la música. La dejó ante la entrada y se alejó sin mediar palabra.

Dio un paso y entró al salón. Observó los altos techos decorados con grandes lámparas de araña, la decoración que adornaba las paredes, las mesas largas engalanadas con manteles de colores, los platos sobre ellas... Desde su izquierda le llegó el sonido de una voz femenina, se giró hacia ella.

-Val, querida, has venido -dijo la hembra que la había invitado por la tarde. Llegaba acompañada por las mismas dos amigas, todas vestidas con elegantes vestidos de fiesta.

-Gracias por la invitación -contestó Val con una sonrisa. Aun no podía creer que estuviera allí.

-Pero pasa, no te quedes en la puerta. -La vampira enlazó su brazo y la condujo hacia el interior. Mientras caminaban, le iba hablando sobre las diferentes parejas que se encontraban en la pista, girando al son de los acordes de una orquesta.

-Pero que agradable compañía. -La voz de un macho sonó a su espalda. Las hembras se detuvieron y giraron-. Es un placer tenerte en mi fiesta -dijo el vampiro mientras le asía una mano y depositaba un suave beso sobre ella.

-¿Verdad que es una sorpresa? -preguntó la vampira a su hermano.

-Desde luego que sí, y encantadora -respondió él mirándola por encima de su mano extendida y aun aprisionaba en la suya.

-Ay, Reish, ¿la acompañas mientras me ocupo de los recién llegados? -preguntó la hembra mirando hacia la entrada al salón.

-Será todo un placer -contestó él sin apartar la mirada de Val, que se sonrojó ante la atención del macho.

Un doggen, portando una bandeja llena de copas, pasó junto a ellos. Reish cogió dos y le tendió una a ella. Val la aceptó y el macho rozó su mano suavemente, después le sonrió y se llevó la copa a la boca. Val también bebió, de pronto se sentía sedienta. El vino no era tan bueno como el que tomaba su padre, y al que estaba acostumbrada, pero tenía buen sabor. Le dio un sorbo largo y casi se terminó la copa. Reish sonrió, se acabó el contenido de la suya y llamó a otro doggen, que trajo dos copas nuevas. El vampiro comenzó a hablar.

¡Dios, no podía apartar la mirada de su rostro! Rasgos finos en una mandíbula cuadrada, cubierta por una ligera barbita que tenía el aspecto de ser muy suave. Por un segundo tuvo el impulso de extender su mano y pasarla por la cara, comprobar su suavidad, pero lo reprimió instantáneamente aferrando la copa con ambas manos. Sus rasgados ojos de un azul oscuro la tenían completamente hipnotizada, y su voz... El macho le hizo una pregunta involucrándola en la conversación, pregunta que ella no escuchó absorta en su escrutinio. Se sonrojó sin saber qué contestar y el vampiro rió divertido, consiguiendo que se relajara.

La joven sintió como el nerviosismo la abandonaba lentamente, y se descubrió disfrutando de la fiesta y de la compañía del macho, hasta que éste sugirió que fueran a bailar cuando los acordes de una melodía lenta comenzaron a sonar. Sin esperar una respuesta de ella, le quitó la copa vacía de entre los dedos y la dejó sobre una mesa, después colocó una mano en su cintura desnuda y la guió hasta la pista.

Un estremecimiento recorrió el cuerpo de la joven ante el contacto de la cálida mano contra su piel, haciendo que sus nervios afloraran de nuevo. El rubor tiñó sus mejillas, y cuando el macho la giró para dejarla frente a él, escondió el rostro bajo su pelo, agradeciendo el haberlo dejado suelto. Comenzaron a girar por la pista entre otras tantas parejas. Algunas los observaban fijamente, consiguiendo que Val se pusiera más nerviosa aun.

Un pensamiento taladró su cabeza insistentemente: Le voy a pisar, voy a tropezar, me voy a caer... Pero Reish era un bailarín experimentado y la guiaba con delicadeza y seguridad. Tres bailes más tarde, Val se encontraba feliz. Los nervios la habían abandonado por fin, no sabía si por el efecto del vino, o por los giros que habían dado por la pista. El vampiro dejó de bailar al acabar la canción y la sujetó por una mano.

-Tomemos algo -sugirió de camino a una larga mesa cubierta por platos llenos de deliciosa comida que nadie tomaba.

Al llegar, le tendió un pequeño plato para que se sirviera mientras él ya lo hacía. Val sintió un poco de vergüenza al observar que ninguna hembra comía, y optó por servirse poca cantidad. Cuando miró lo que dejó en su plato, dio las gracias por haber cenado antes de ir.  Tan solo había dado dos bocados a un canapé cuando se acercaron hasta ellos un grupo de machos y hembras. Ellos comenzaron a hablar con Reish, mientras que las hembras lo hacían con ella. A su pesar, dejó el plato a un lado casi sin tocar y les prestó atención.

Trapitos, machos, sonrisas, mas machos, mas sonrisas, mas trapitos...

¡Dios!, si la conversación continuaba así, comenzaría a ser una tortura.

Sin girarse, prestó atención a la conversación de los machos: Finanzas, bolsa, índices, subidas...

Eso sí era lo suyo, de eso sí entendía. Sonrió. Acostumbraba a leer los periódicos financieros durante el desayuno. Se obligó a prestar atención al murmullo incesante de las hembras y dibujó una sonrisa en sus labios. Al fin y al cabo, por primera vez, formaba parte de una fiesta, y se lo estaba pasando maravillosamente bien rodeada de gente de su edad.

Reish se acercó a ella y le sonrió.

-Pareces aburrida -le susurró al oído, tan cerca, que consiguió que se le erizara toda la piel-. Ven, salgamos fuera -propuso colocando de nuevo una mano sobre su cintura y guiándola hacia el jardín. Cogió dos copas antes de salir a la terraza.

La llevó hacia unas escaleras que descendían a un nivel inferior, cuando llegaron a ellas, le dio la mano para ayudarla a bajar. Val la asió agradeciendo interiormente el gesto. Después la condujo hacia la izquierda, a una zona más oscura de la terraza. La música allí era más tenue, contribuyendo a la conversación sin necesidad de gritar como en el salón. La joven sentía al macho a su lado, se esforzaba en no girarse y mirarlo. Nerviosa, le dio un trago a su copa, no sabía qué hacer o decir.

Ella, que hablaba y hablaba hasta provocar dolor de cabeza a quien estuviera a su lado en ese momento. Ella, que había conseguido que su padre accediera a entrenarla después de perseguirlo por toda la casa durante semanas insistiendo en ello.

Al recordar a su padre sintió una punzada de culpabilidad. Era cierto que  no solía cumplir sus órdenes tal y como a él querría, pero nunca se había escapado de esa forma. Apartó el pensamiento antes de que la hiciera sentir triste.

«Ummmm, champan».

Al alzar la copa para beber, su mirada se clavó en la brillante luna llena que había esa noche. Era la única luz que iluminaba la terraza en la que se hallaban o los jardines que se extendían ante ellos.

Qué hermosa, pensó. Se apoyó contra el muro bajo de piedra que hacía de balcón.

-Tú si eres hermosa -susurró el macho junto a ella.

Se giró para mirarlo, sorprendida. Ni siquiera se había dado cuenta de que lo había dicho en voz alta. El color subió a sus mejillas, de nuevo, y agradeció que Reish no pudiera notarlo en la ligera oscuridad que los envolvía. Le dio otro trago a su copa hasta acabarla.

Lo siguiente sucedió demasiado rápido para reaccionar.

El vampiro le quitó la copa vacía de las manos y la dejó junto a la suya a cierta distancia sobre el muro, después se colocó tras su espalda y la giró apoyando sus manos en las caderas de la hembra, dejándola frente a él. Retiró un mechón de pelo y rozó su mejilla con suavidad. Miró su boca entreabierta y descendió lentamente hacia ella, atrapándola con sus labios.

Huida Nocturna: La primera fiesta II

Se levantó de la cama y metió el traje en una mochila, esperando que no se estropeara demasiado, también metió los zapatos, y se volvió a tumbar como antes.

¡Dios, se le estaba acabando la paciencia! Se levantó de nuevo y fue hasta la puerta, la abrió un poco  y sacó la cabeza, intentando ubicar a los machos.

En el salón, todavía.

Reprimió el impulso de dar un portazo y la cerró despacio. Comenzó a caminar por el dormitorio, arriba y abajo, y cuando estaba a punto de tirarse sobre la cama, los escuchó hablar en el hall, sus voces graves resonaban en el amplio vestíbulo. Sheiztler reía alto, seguro que por algún comentario de su padre.

¡Genial, que bien se lo pasan!, pensó la hembra, y cuando dejó de oírlos, agarró la pequeña mochila y abrió su balcón. Esto sería fácil, lo había hecho multitud veces, no para escaparse de la Mansión, pero sí para salir a cabalgar de noche por los terrenos.

Se descolgó por la pared, aprovechando los salientes, y cuando sus pies tocaron el césped, suspiró aliviada, lo que menos necesitaba era resbalar mientras bajaba. Todo eso para nada si acababa con algún hueso roto, y encima, una bronca, y su posterior castigo.

Atravesó los jardines rodeando la casa por el lateral contrario a la biblioteca, se dirigió despacio hacia el Bentley del 65 de su padre, aparcado ante la entrada, y del que previamente había cogido las llaves del hall cuando se retiró después de la cena. Abrió la puerta y lanzó la mochila en el interior, a continuación se sentó y se colocó nerviosa el cinturón de seguridad, mirando a un lado y al otro esperando ver aparecer a su padre. Suspiró aliviada cuando arrancó el motor, después metió la marcha y aceleró.

En la biblioteca, Adrien escuchó el motor del coche, y dejando la copa sobre una mesa cercana a su sillón, salió a grandes zancadas en dirección a la entrada.

-¡Maldita niña! -exclamó viendo como se alejaban las luces del auto-. Me va a oír. -Se giró para coger las llaves de otro vehículo, pero Sheiztler le sujetó por el brazo.

-¿Qué vas a hacer? ¿Salir a buscarla? -preguntó el vampiro más joven.

-Por supuesto.

-Déjala -dijo Sheiztler-, no puedes tenerla siempre prisionera en su propia casa. Necesita relacionarse con jóvenes de su edad, ya no es una cría.

-Sabes qué piensan de ella, no puedo dejar que le hagan daño.

-En algún momento tienes que dejar que sea ella quien resuelva su vida, quien tome control. Y aprender... de sus errores. Así lo ha decidido esta noche. No puedes protegerla siempre.

Adrien se mantuvo unos instantes mirando el camino vacío por el que su  hija había abandonado la Mansión, meditando las palabras del vampiro al que quería como a un hijo. Cuando volviera, tendría que hablar con ella. Suspiró y cerró la puerta, pero cuando se dirigía hacia la biblioteca de nuevo, una expresión preocupada cruzó su rostro. Sheiztler lo seguía con una expresión semejante. El vampiro más joven abrió la puerta y se echó a un lado para cederle el paso, y al pasar junto a él, comentó:

-Sabe cuidarse, Adrien. Te has encargado de ello.

Huida Nocturna: La primera fiesta I

     Su cumpleaños estaba próximo, y su padre le había regalado una tarjeta de crédito para que comenzara a mostrar que podía ser responsable. Val estaba feliz, se sentía mayor por la confianza que le había demostrado al entregarle la pequeña cartulina de plástico.
     Sonriente, le pidió a Joseph que la llevara al centro comercial, necesitaría un traje de fiesta en unos días, y ¿qué mejor forma de demostrar lo responsable que era gastando sólo lo justo y necesario? Le enseñaría a su padre que podía confiar en ella, a pesar de la cantidad de veces que le desobedecía, pero podía cambiar, ¿o no?
     Estaba parada delante del escaparate de una de las numerosas tiendas de ropa que había en el centro. El doggen hacía rato que había vuelto al coche, aliviado, después de acompañarla durante más de dos horas. La joven se había apiadado de él, y tras observar su expresión cansada y aburrida, le había dicho que la esperara en el Mercedes si no quería acompañarla durante más tiempo.
     Abstraída como estaba contemplando uno de los modelos colocados en una maniquí, no escuchó a las hembras que se acercaron por detrás.   -Bonito, ¿verdad? -preguntaron en voz alta. Val no se giró para comprobar a quien hablaban, segura de que no era a ella-. A ti te quedaría perfecto.        Tras escuchar esas últimas palabras, se volvió a mirar. Tres jóvenes vampiras, a las que conocía de vista desde hacía años, la estaban observando con una sonrisa afectuosa. Aún así, no respondió, se giró y siguió mirando el vestido. Ya había pasado dos veces por delante del escaparate sin decidirse a entrar. ¡Ella nunca había llevado algo así! Pero era precioso. Negro, elegante y... escotado. ¿La dejaría su padre vestir algo como eso?  
-¿Por qué no te lo pruebas? -volvió a preguntar la hembra.
-Yo... no sé si... -respondió dudando Val.
-Vamos, estarías preciosa -contestó, también sonriendo, otra de las hembras.
-Esta noche damos una fiesta en mi casa, ¿te gustaría venir? -preguntó la primera.
-Es el cumpleaños de su hermano, y habrá muchos jóvenes de nuestra edad -comentó la hembra que estaba a la izquierda con una sonrisa nerviosa.
-¿Esta noche? -preguntó Val con la sorpresa dibujada en su cara.
-Sí... -afirmó la vampira, después de unos segundos añadió mirando el escaparate-: y ese vestido te quedaría genial.       
     Lo pensó durante unos segundos y asintió sonriendo. Las hembras se despidieron de ella tras informarla de la hora y después se alejaron tranquilas y sonrientes. Val estaba feliz. ¡Su primera fiesta! ¡Y esa noche!
     «Su padre también estaría feliz por ella», pensó con una sonrisa en sus labios.
  Entró a la tienda  y compró el vestido, también unos zapatos de tacón fino y altos, a juego, que la dependienta insistió. Según decía: «eran los zapatos perfectos y sería un sacrilegio separarlos».
     Cuando llegó a su hogar, subió los escalones de dos en dos y se encerró en su habitación. Aun era temprano, así que preparó la bañera, y mientras se llenaba, sacó el traje de la bolsa y comenzó a dar vueltas por la habitación. El vestido colocado ante ella ondeaba con sus movimientos. En uno de los giros se encontró con la mirada de su padre, se detuvo al instante.  
-Estás feliz, hija. ¿Gastaste mucho? -preguntó con una sonrisa acercándose a ella. Se inclinó un poco y la besó en la frente.
-¿Pero qué concepto tienes de mi? -cuestionó ella con un mohín-. Sólo compré este vestido -dijo mostrándoselo brevemente, y añadió-: y también estos zapatos.
-¿Pero sabes andar en eso?
-Pues claro, después de todo, soy una señorita refinada -respondió con una amplia sonrisa.       
     Su padre rió a carcajadas ante su comentario. Su hija podía ser de todo, menos refinada.  
-Me han invitado a una fiesta, papá -comentó feliz.
-¿Una fiesta? -inquirió Adrien acercándose más a ella. Su gesto había pasado de ser divertido a serio-. ¿Dónde?
-En Glove Hills -contestó distraída mientras dejaba el vestido sobre la cama.
-No irás -respondió el vampiro en tono grave.
-¿Por qué? -Toda su alegría se esfumó en un segundo.
-Porque... no. -Adrien se giró y comenzó a caminar sin decir nada más.
-Sí iré -señaló Val desde atrás.
-No me discutas, Valnelia -indicó su padre desde la puerta sin girarse. Después la abrió y salió.
-Iré -susurró Val.       
     Corrió al baño y cerró el grifo. Malhumorada, se quitó la ropa. Siseó cuando el agua caliente acarició su piel, y poco a poco se metió en el interior. Se recostó en la bañera y comenzó a pensar, en su caso, maquinar. ¿Cómo lo haría? Si faltaba a esta fiesta no la volverían a invitar nunca más. Y quería tener amigas. Golpeó el agua con su puño y salpicó el suelo.  
-Mierda...       
     Cogió la esponja y comenzó a frotarse con energía. Tenía que ocurrírsele algo. Tras unos minutos de pensar, exclamó:
-¡Claro, ya lo tengo! -sonrió con ganas ante la idea.       
     Salió de la bañera y se secó distraída, tenía la mente trabajando y perfeccionando su plan. Se cogió un chándal y se vistió, después bajó al salón. Su padre y Sheiztler la esperaban para cenar. Se sentó como siempre a la derecha de Adrien, pero no se molestó en saludar a los presentes. Cruzó los brazos sobre su pecho y esperó a que le sirvieran la cena. Comió en silencio, dejando patente su malhumor. Después se excusó y salió del comedor dejando a los dos machos a solas. Subió la escalera tranquilamente y al entrar en su habitación, cerró la puerta y se tiró sobre la cama a esperar. En un rato, su padre y Shey se retirarían a la biblioteca, charlarían mientras tomaban una copa, y... ese sería su momento.

Fantasmas del Pasado en una Noche de Halloween IV

 

De pronto, la hembra se encontró apoyada contra la fría pared. Su instinto la hizo intentar alcanzar las dagas que escondía en sus botas, pero el extraño que la mantenía contra la pared sujetó sus muñecas por encima de su cabeza. Lentamente comenzó a recorrer su cuerpo con sus manos, unas manos grandes y fuertes. Val lo escuchó suspirar contra su oído.

 

-¿Te has propuesto volverme loco? -susurró con voz ronca.

-¿Quien te has creído que eres? ¡Suéltame! -respondió removiéndose contra el cuerpo.

-Si te sigues moviendo así me vas hacer perder el control.

-¿Quién eres?

 

La pregunta murió en sus labios cuando el macho tomó posesión de su boca, al fin la tenía donde quería. Deslizó una mano por la abertura lateral del vestido de la hembra que lo había estado volviendo loco toda la noche, rozó el encaje de su ropa interior y acarició su piel. De su boca brotó un gemido ronco. La mente de Val le decía que se resistiera, pero su cuerpo no parecía hacerle caso. Un estremecimiento la recorrió cuando el macho subió por su cadera, siguiendo la línea de su cuerpo hasta llegar a uno de sus pechos, tomándolo con su mano y acariciándolo suavemente. Acercó más su cuerpo al del macho, buscando el bulto escondido en su pantalón, lo sintió palpitar muy cerca de su sexo. El macho volvió  a gemir de placer.

 

-Al fin eres mía -susurró contra su oído, mordisqueándoselo-. Esto no tenía que estar pasando, no fue esto lo que me pidieron que hiciera -murmuró roncamente.

-¿Quien? -preguntó Val, con la poca concentración que aún le quedaba. El macho había comenzado a jugar con su cuello, realizando pequeños círculos con su lengua e intercambiándolos con pequeños mordiscos, provocando que la piel de la hembra se erizara con el contacto.

-Llevo años observándote, se lo que te gusta y cuando te gusta, ¿te gusta esto? -preguntó, recorriendo suavemente con sus dedos la espalda de la hembra.

-Sí...

 

Soltó las manos de la hembra para poder cogerla entre sus brazos y apoyarla contra la pared, la alzó para situarla contra su dureza, provocando sensaciones más intensas con el movimiento. Val le rodeó las caderas con sus piernas  y entrelazó sus brazos por detrás del cuello del macho.

 

-No es así como había imaginado nuestra primera vez -susurró contra su cuello-, pero me calientas como ninguna hembra lo ha hecho antes.

 

Era un macho grande y fuerte, alto, de espalda ancha y musculosa, cintura estrecha y pecho duro, por lo que pudo apreciar en el recorrido de sus manos por ese cuerpo. Val saboreó el cuello del macho, fue dejando un reguero de pequeños mordisquitos hasta su hombro. Acarició su pelo, retirándolo de un rostro que aun no había visto, la poca luz del callejón no la dejaba vislumbrar sus rasgos.

Entonces le olió, ese olor le resultaba familiar, demasiado familiar. Un olor como de especias y canela. Tiró de su pelo hacia atrás dejando su rostro expuesto.

 

-¿Sheiztler? -preguntó. Su asombro era evidente.

-Hola, pequeña -fue su respuesta.

-¿Hola? ¿Pequeña? -Su voz denotaba enojo-. ¿Qué crees que estás haciendo? Bájame, ahora.

 

El macho la bajó lentamente, cuando Val puso los pies en el suelo, le golpeó en la mandíbula con toda la fuerza que disponía en ese momento. Sheiztler se tocó donde le había golpeado la hembra.

 

-Vamos, Nely, ¿después de tantos años me recibes así? -dijo el macho sonriendo.

-No me llames Nely -le dijo, lanzado de nuevo su puño directo a la mandíbula del macho.

 

Pero esta vez la esquivó y le sujetó la muñeca, llevándola hacia atrás le agarró también la otra, manteniéndola sujeta con sus manos a la espalda.

 

-Pequeña, no deberías comportarte así. Tu padre te dio mejor educación que ésta. -Y diciendo esto, atrapó de nuevo sus labios.

 

Fue un beso salvaje, lleno de deseo por la hembra que se resistía entre sus brazos. Cuando la liberó del beso, ambos jadeaban. Las mejillas de la ella estaban sonrojadas, pero sus ojos echaban chispas. Si las miradas mataran, habría muerto allí mismo.

 

-No hemos acabado, Nely. Todavía no -dijo soltándola.

-Que te jodan, Sheiztler.

 

Y desapareció, dejándola sola en la fría noche.

Después de unos segundos, entró de nuevo al local.

     

-Me voy -le dijo a Lyss que seguía sentada allí.

-¿A dónde? -le preguntó ésta.

-A casa -le respondió cogiendo sus cosas. Se giró para irse y entonces se detuvo, se volvió para decirle-: no voy a la Mansión, voy a mi ático, si sucede algo, ya sabes dónde estoy y lo que tienes que hacer.

-¿Que ha pasado? -le volvió a preguntar.

-Nada -y viendo la preocupación reflejada en la cara de su hermana, añadió-, sólo necesito pensar, Lyss.

 

La hembra asintió y la vio dirigirse hacia la puerta. Mike también la había estado observando, estuvo tentado de acercarse a ella, pero cuando vio con que humor estaba, desistió.

Llegó a su coche y se alegró de guardar allí un juego de llaves de su ático, hacía tiempo que no iba, pero sí que lo había utilizado anteriormente, y mucho. Estaba situado a las afueras de la ciudad, tenía también un par de apartamentos, pero esos no solía usarlos, le gustaba más las vistas que tenía desde el ático. Joseph se ocupaba de mantenerlo siempre limpio y con provisiones, de ello se encargaba una chica del servicio de la Mansión, que se pasaba con regularidad.

Llegó ante la verja del edificio, se había decidido por ese en cuestión cuando comprobó las medidas de seguridad de las que disponían allí. Abrió la verja con el mando y el guardia de seguridad le hizo un gesto de reconocimiento cuando estuvo a la altura de su caseta. Llevó el coche hasta el garaje y  lo aparcó en su plaza. Fue hasta el ascensor y pulsó el número del ático, era el único en esa planta. Metió la llave de seguridad y el ascensor comenzó a subir hasta la planta numero 20. Cuando llegó, se detuvo y se abrió la puerta dando acceso a un salón bastante amplio. Dejó las llaves del coche y las del ático en la mesita de la izquierda, y fue directa a su habitación sin encender las luces. Entró en esa habitación que tanto hacía que no usaba, encendió la luz tenue de una lámpara de pie y descorrió las pesadas cortinas. Fue al baño y abrió el grifo del agua caliente, se quitó la ropa y se metió dentro. Dejó correr el agua por su cuerpo apoyando las manos contra la pared, relajando sus músculos tensos. Estuvo un rato dentro de la ducha, calmando sus nervios, dejando atrás su mal humor.

"¿Cómo se atrevía ese cretino a aparecer ahora? ¿Ahora que ya no le necesitaba?"

Cerró el grifo, salió de la ducha cogiendo una toalla y envolviéndose en ella. Se secó con cuidado y envolvió otra en el pelo. Fue hasta su habitación, cogió una bata negra de seda del vestidor y se la colocó saliendo de la habitación. Se dirigió a la cocina y se preparó un chocolate caliente. Lo vertió en una taza grande y fue hasta su habitación de nuevo, se sentó en uno de los grandes sillones que había delante de los ventanales y esperó a que llegara el amanecer, hasta que el sol no le permitiera seguir allí sentada disfrutando de las vistas de la ciudad que se extendía debajo.

Llevaba horas dando vueltas en la cama, no conseguía dormir, los recuerdos acudían a su mente, recuerdos que aun le hacían daño. Hacía horas que había amanecido y todavía no había conseguido descansar. Se levantó, no se molestó en colocarse la bata, paseó desnuda hasta el baño, se echo  agua en la cara y se miró al espejo. Se vio mucho más joven, apenas tenía 25 años y los recuerdos acudieron de nuevo. Sonrió; estos recuerdos eran agradables. Cerró el grifo y volvió a la habitación. Fue a la cocina y cogió una cerveza fría de la nevera, había tenido la precaución de no descorrer las cortinas del resto del ático, todas eran pesadas y oscuras, imposibilitando la entrada del sol. Se dirigió al salón y marcó en número de Joseph. Lo cogió al segundo tono.

 

-¿Señora? -preguntó preocupado.

-Sí, Joseph, soy yo.

-¿Se encuentra bien? -volvió a preguntar.

-Sí, sí, estoy bien. Sólo he venido a descansar al ático.

-Sí, me lo dijo la señorita Lyss. ¿Pero se encuentra bien, verdad?

-Sí, Joseph, de verdad, sólo necesitaba pensar. Han aparecido fantasmas del pasado.

-¿Fantasmas?

-Nada, Joseph, no tiene por qué preocuparse. Pasare el día aquí, si hay alguna llamada importante, desvíela a este número. Si las chicas preguntan por mí, dígales que estoy descansando, ya me encontrare con ellas esta noche.

-Sí, señora.

-Hasta luego. -Y colgó.

 

Se sentó en un sillón enorme y mullido, le dio un trago a la cerveza, hizo sonar música desde el mando y se recostó en él, intentando relajar sus nervios.

Ya había anochecido cuando el teléfono sonó, despertándola de su sueño. Había sido un sueño inquieto, pero no recordaba el por qué. Agradeció el ser despertada. Descolgó el teléfono para encontrarse con la voz de Joseph.

 

-¿Diga? -preguntó con la voz aun soñolienta.

-Señora, siento haberla despertado, pensé que ya se habría levantado.

-No se preocupe, Joseph. No pasa nada, es más, te lo agradezco. ¿Sucede algo?

-No, señora. Sólo llamaba para preguntarle si necesita algo.

-No, nada, Joseph.

-También para informarle que tiene dos notas sobre en su despacho, sobre el escritorio.

-¿De quién? ¿Las tienes a mano?

-Sí, la llamo desde allí.

-¿Puedes leérmelas, por favor?

-Sí, señora -y comenzó a leerlas.

-Gracias, Joseph. Hasta luego.

-Hasta luego, señora.

 

Por más que  le había insistido, no había conseguido que dejara de llamarla señora, y eso que hasta la había sostenido en brazos y cambiado algún pañal cuando tan solo era un bebe, así que ya lo había dejado por imposible. En fin, todo había ido bien en su ausencia. Parecía que D había hecho las paces con su padre y Jecrufe había vuelto a la Mansión, tendría que tener una charla con ella, había pasado más tiempo fuera de lo que era normal, pero cuando empezaba a preocuparse, la joven se había comunicado con ella en una breve llamada.

Se levantó del sillón donde se había quedado dormida y apagó el equipo de música que ya había dejado de sonar hacía horas. Tiró la botella vacía de la cerveza que se había tomado antes de quedarse dormida y fue a su habitación. Descorrió las cortinas observando la noche que se extendía por debajo. Después de unos minutos, se dirigió al vestidor y sacó una falda corta negra a la cadera, una camisa ajustada también negra y eligió unas botas altas, hasta el muslo. Fue al baño y se dio una ducha, comenzó con agua fría para terminar de despertarse, y la terminó con agua caliente, para relajar los músculos. Aunque el sillón era cómodo, no era su cama. Terminada la ducha, se envolvió en una toalla grande y se secó con suavidad, se untó su crema especial con aroma a vainilla y se secó el pelo, peinándoselo a continuación. Salió del baño y se colocó la ropa que había dejado sobre la cama. Se miró al espejo, abrió un botón más de su camisa, y contenta con su aspecto, se dirigió de nuevo al vestidor.

Sacó un par de dagas pequeñas que guardaba allí y se las ajustó por debajo de las mangas de la camisa, se colocó la pequeña pistola que también guardaba allí en su funda de hombro, ocultó el pequeño bulto que sobresalía por delante y por debajo de su hombro con su pelo largo. "Tendría que reponer las armas que se estaba llevando -pensó". Se ajustó las dagas de siempre en sus botas y se dirigió a la entrada. Recogió el chaquetón, sus llaves y pulsó el ascensor. Cuando las puertas se abrieron, entró y bajó. Dirección: el Zero.

Hora de enfrentarse al pasado.

Fantasmas del pasado en una Noche de Halloween III

La noche estaba saliendo francamente bien; nadie había intentado atacarlas, no habían tenido problemas, salvo un pequeño asunto que se había resuelto rápido y sin incidentes,  las chicas se lo estaban pasando en grande, incluso ella estaba disfrutando bastante de la compañía. Dejó de prestarle atención a Mike cuando escuchó la música y el jaleo que se formó. Esa interrupción la hizo centrarse un poco, parecía que esta noche había dejado atrás sus inhibiciones, y no entendía por qué se sentía así; tan caliente, pero estaba dejando sorprendida a más de una Ejecutora. Se acomodó en el sillón para observar el espectáculo colocándose bien el vestido, que debido a las atenciones de Mike, no estaba donde debía estar.

¿Lyss? ¿Esa era Lyss? La hembra se había quitado el disfraz de vaca para quedarse con uno de vaquita relativamente minúsculo. De H se esperaba el bailecito que se había marcado en la pista, pero de ¿Lyss? ¿Y con Rehv? Eso era digno de ver. Se movió sensualmente por la pista, incitando al macho, al que se le veía bastante incomodo sobre la silla.

En realidad, Lyss y ella eran muy parecidas, se conocían desde hacía muchos años, y habían tenido más de una noche loca en su "juventud", pero ahora llevaban un ritmo más relajado, se habían vuelto más exigentes y pasaban de las relaciones de una noche.

Cuando el espectáculo acabó, pensó que sería mejor distraerse un poco que seguir sentados en los sillones, así que se levantó dejando a Mike sentado.

 

-Voy a la pista. ¿Te vienes a bailar? -le dijo al macho.

-Sí, ¿por qué no? -Se levantó alcanzándola.

 

Rodeó con un brazo la cintura de la hembra y la guió hasta la pista, acercándola a su cuerpo cuando llegaron. Comenzaron a bailar con movimientos lentos y muy sensuales. El macho le rodeaba la cintura con los dos brazos, manteniéndola pegada a su cuerpo,  y recorriéndole con las manos toda la espalda descubierta, llegó hasta el final de la columna, rozando suavemente con un dedo el interior del dobladillo de la tela. El cuerpo de la hembra se estremeció cuando el macho mordisqueó su cuello, subió hasta el lóbulo de su oreja, y bajó de nuevo recorriéndolo con la lengua. Sus manos masajeaban las nalgas de la hembra, hasta que la alzó y la apoyó contra una de las columnas, quedando completamente pegado al cuerpo de ella. Val sentía el bulto que se escondía bajo los pantalones de Mike, palpitando contra su sexo. La situación, el baile, los movimientos, todo la hacía sentirse sobreexcitada, algo que se estaba convirtiendo en algo habitual cuando estaba en el Zero. 

Mike no paraba de besarla, del cuello a la boca, y de vuelta al cuello, bajando cada vez más por su escote, y deslizando cada vez más una de sus manos por la abertura lateral del vestido.

«Joder, Val, ¿vas a montártelo aquí? ¿En mitad del ZeroSum? ¿En la pista de baile?». Fueron los pensamientos que cruzaron su mente en un momento de lucidez. Después de todo, no había sido buena idea salir a bailar.

De pronto sintió una mirada fija en ella, un escalofrío recorrió su cuerpo, haciéndola tomar consciencia de donde estaban y de cómo se estaba comportando. Entre las sombras descubrió una silueta que no pudo identificar.

 

-Mike, bájame -dijo, sin dejar de mirar el rincón donde había visto la silueta.

 

Pero el macho parecía no oírla.

 

-Bájame ahora. Para...

 

Pero seguía sin hacerle caso.

 

-Mike, cariño, no quiero hacerte daño, así que déjame en el suelo, ¡ahora, joder! -susurró en su oído.

 

El macho se detuvo instantáneamente al oír el tono helado en la voz de la hembra.

 

-Yo... Lo siento... no sé que  me ha pasado... -dijo Mike depositándola en el suelo.

-Gracias -respondió, echándole una mirada gélida.

 

Después de decir eso, salió lo más rápido que pudo del local por una de las salidas de emergencia del Zero. Se cruzó con Rehv que mostraba sorpresa en su cara, pero no intentó detenerla.

Salió al frio de la noche intentando ordenar el caos que eran sus pensamientos en ese momento.

Val se giró hacia June cuando la oyó salir tras ella.

 

-Hola, June, has vuelto. No te esperaba por aquí.

-Sí, os vi por el Sfora, me he escaqueado un rato de mi tío. Pero tú, ¿estás bien?

-Sí, no te preocupes, necesitaba salir fuera un poco.

-¿De veras estás bien?

 

Val asintió y June volvió a entrar en el local.

 

Escondido aun entre las sombras, el macho observó a las dos hembras hablar. Pero su atención estaba puesta solo en una, se la veía preciosa; su pecho subía y bajaba por la agitación, tenía el pelo alborotado, las mejillas sonrosadas, los labios hinchados. Dios, cómo deseaba besar esos labios. Se movió inquieto en el lugar donde se encontraba escondido, impaciente porque la hembra que había salido detrás de Nely, volviera al local.

 

Fantasmas del pasado en una Noche de Halloween II

 

Había conseguido una invitación para la fiesta privada que la hembra había preparado gracias a un buen amigo. Cuando entró al local, la hembra en cuestión estaba bailando con una de sus chicas en la pista, se movían sensualmente, se rozaban entre ellas, provocando que todas las miradas de los machos del local se situaran sobre ellas, y vaya si estaban disfrutando. Fue a la barra, se pidió una cerveza y se situó en una zona del local poco iluminada, disfrutando del espectáculo que las hembras estaban dando, en concreto, la suya. Las vio dirigirse a unas barras que Rehv había colocado allí esa noche, seguro que para la fiesta, muy cerca de donde él estaba sentado. Las hembras empezaron a bailar agarradas a la barra, a moverse provocativamente, pero él solo tenía la vista clavada en una. Cuando se situaron juntas y comenzaron a moverse una por el cuerpo de la otra, los machos del local las devoraban con la mirada, y ellas parecían disfrutar, algunos se movían incómodos en sus pantalones, tanto como él. Estuvo tentado de subir al estrado de la barra y llevársela de allí, quería que la mirada lasciva de los machos, en las que se adivinaba lo que estaban pensando hacer si las hembras se lo permitían, dejara de posarse sobre su cuerpo, quería incluso que la hembra que la estaba acariciando dejara de hacerlo. Pero al final se controló como pudo, rezando para que esa tortura acabara lo antes posible.

Al final el baile terminó y la hembra se dirigió hacia donde estaban sus hermanas, la vio hablar con Rehv y después sentarse con sus hermanas, vio como el camarero que le tendía una cerveza se la comía con la mirada, él también la estaba devorando con la vista, y estaba disfrutando mucho de su cuerpo enfundado en ese ceñido vestido, con esa abertura lateral que lo incitaba a meter la mano por ella y acariciar su cuerpo. Uffff, sería mejor dejar de mirarla un rato, hasta que consiguiera controlar su excitación.

 

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Rehv se acercó a la hembra cuando terminó el sensual baile con Hécate. De vez en cuando sentaba bien dejarse llevar para liberar tensiones, y ese baile la había relajado por completo. Había disfrutado con él, tanto como la noche en que ella y Lyss la montaron allí mismo para conseguir liberar a Beriz y Nita del castigo.

 

-Impresionante, habéis conseguido subir la temperatura del local -le dijo el macho cuando llegó a su altura.

-La decoración esta genial, Rehv, pero el ambiente estaba un poco frío, es mi deber hacer que todo el mundo esté lo mejor posible, ya me conoces.

-Sí, claro, después te marcas otro conmigo.

-Ya veremos, Rehv, ya veremos. -Le dio un beso en la mejilla, muy cerca de sus labios, y al oído le susurró-: Gracias por la fiesta.

 

Se alejó del macho para dirigirse a donde estaban las chicas, las que todavía no estaban emparejadas, Lyss era una de ellas.

 

-Oye, Val. A mí no me dejas hacer eso -le dijo Kira.

-Eres pequeña, aun -le contestó sonriendo.

-No te jode, ni que fueras vieja -le respondió Kira.

-No, no soy tan vieja, pero tampoco tan joven como aparento, ya sabes, la sangre vampira que corre por mis venas me mantiene joven -dijo sonriendo.

 

Se sentó en uno de los sillones, una de sus piernas quedó a la vista con el movimiento, la que tenía la abertura lateral, y no le importó, se había puesto ese traje para enseñar, si no, se habría colocado un mono de trabajo. Aceptó de buena gana la cerveza que le trajo el camarero, que no desperdició la oportunidad de echarle una mirada a la pierna descubierta, y que tenía cruzada sobre la otra, ofreciendo una buena vista de su cadera. Cuando se dio cuenta que la hembra había seguido su mirada, se sonrojó y se marchó. Ella observó la pista, algunas Ejecutoras estaban bailando, rodeadas de algunos machos, pero sin agarrarse demasiado a ninguno de ellos. Mary, Lacor, MarieC, Mim, Carmen, eran algunas de las hembras que bailaban en ese momento, y por su expresiones, se podía adivinar que se lo estaban pasando genial. Nita estaba sentada con Blay algunos sillones más allá, Vik bailaba en exclusividad con Qhuinn, y John -suspiró-, estaba observando a la jefa de seguridad del local desde la barra. Ese había sido el único hermano que le había hecho sentir algo cuando la miraba, pero él parecía tener sólo ojos para Xhex, así que ella se había retirado. Lyss se sentó junto a ella, bueno, a decir verdad, lo intentaba.

 

-¿Quieres una cerveza, Milka?

-Menos coña, Val.

-Me han dicho que a las embarazadas humanas se les da cerveza para que produzcan buena leche... -le dijo Val, siguiendo con la broma.

-¿Te estás divirtiendo, verdad? -le preguntó Lyss, con una sonrisa.

-Mucho, sí. ¿Te vienes a bailar? Puedo ir haciendo sitio en la pista para ti.

-Ja  Ja  Ja.

 

Las dos hembras siguieron un rato más sentadas y bromeando entre ellas.

Desde su posición en los asientos, Val veía todo lo que sucedía a su alrededor. Desde las chicas en la pista de baile, hasta H saliendo del baño, y a los pocos segundos, el macho de la reserva, ¿se llamaba Eros? No lo recordaba muy bien, nunca había estado con él.

Se fijó en Nita, había hecho una apuesta con Lyss para ver cuánto tardaba en liarse con Blay, y había perdido. La hembra se encontraba encima del macho y se les veía disfrutando el uno de la otra. Los vio levantarse del asiento, más bien, Blay se levantó del asiento llevando a Nita colgada de él como una mochila. Val se rió del pensamiento que había acudido a su mente, pero la sonrisa se le congeló en la cara cuando vio a Vishous entrar al local acompañado de Butch. No le dio tiempo de reaccionar cuando V ya se había colado por la puerta de los baños por la que Nita había desaparecido en los brazos de Blay.

Estuvo tentada de levantarse e ir a ver qué sucedía allí dentro, pero lo pensó mejor. Eran asuntos de familia y mejor no meterse, pero tenía claro que si Vishous se pasaba con Nita, iba a hablar con él. Sí, era su padre, pero ahora estaba bajo su responsabilidad y no iba a dejar que nadie se pasara con una de sus chicas, aunque fuera su padre.

Mike se acercó a ella con una cerveza, se sentó a su lado.

 

-¿Problemas?

-No. Gracias -le respondió aceptando la cerveza, a la que le dio un trago.

-Te veo preocupada.

-No es nada.

 

Pero siguió atenta a lo que sucedía en el local. Vio a Butch salir del baño, y a V llevando del cuello a Blay, Nita iba detrás de ellos. Se puso en pie y comenzó a caminar, acercándose hasta el grupo. Cuando llegó hasta ellos miro por encima del hombro y vio a John y Qhinn tras ella, parecía que todos estaban esperando a ver que iba a suceder. Val les hizo un gesto a sus Ejecutoras para que permanecieran donde estaban y no intervinieran de momento, y a Mike le lanzó otra mirada para que no se moviera del asiento. Rehv apareció por la derecha acompañado de Xhex.

La intervención de Jane había conseguido calmar los ánimos, sobre todo los de Vishous, esa hembra sabía cómo tratar a su macho. Val dejó a Nita con Blay y se acercó hasta donde había estado sentada antes, Mike todavía estaba allí, durante todo el "altercado" se había mantenido de pie, atento a la situación. Cuando la hembra llegó a los asientos, se dejo caer junto a él, dejando al descubierto otra vez su pierna, momento que el macho aprovechó para acariciársela suavemente.

 

-¿Todo bien? -le preguntó.

-Sí, parece que sí.

-¿Quieres otra cerveza fría?

-Sí, por favor. Gracias -le dijo cuando se levantó en dirección a la barra y dejándola sola en los sillones.

 

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Amparándose en las sombras, el macho seguía cada movimiento de la hembra. La tarea que le habían encomendado era la de vigilarla y protegerla, pero a lo largo de los años había desarrollado otro sentimiento por ella. La había visto crecer y convertirse en toda una hembra, dejando atrás su etapa más salvaje e indisciplinada. Parecía que después de la muerte de su padre, había sentado la cabeza y era capaz de llevar un grupo de hembras conocidas por su valor y destreza en la lucha.

Admiraba su capacidad de preocupación por cada una de ellas, la atención que les prestaba cuando desaparecían de su vista, sabía que sufría por cada herida que recibían, y que daba la cara por todas en cualquier situación. Hacía unos momentos la había visto acercarse a uno de esos machos de la Hermandad, sin demostrar miedo se había plantado delante de Vishous, el cual le sacaba algunos centímetros de ancho y alto.

Esta noche llevaba un vestido que lo dejaba sin respiración; ceñido a su cuerpo marcando cada una de sus curvas, amplio escote que cubría solo lo necesario, una espalda descubierta que le hacía desear tocarla, una abertura por la que se moría por meter la mano, y esas botas... le encantaba verla con esas botas, tacón alto y fino, haciéndola parecer más sexy de lo que ya era. Pero la hembra estaba acompañada por un macho que no dejaba de dedicarle su atención, y ella a él.

Esta noche estaba haciendo uso de todo su control, le estaba costando demasiado controlarse, tendría que irse antes de complicarlo todo, pero era incapaz de moverse de donde estaba.

Todavía no entendía que su excitación provocaba la lujuria en la hembra.

Fantasmas del pasado en una Noche de Halloween I

Las chicas habían pasado el día de acá para allá buscando sus trajes, estaban nerviosas y excitadas. Durante la comida no se había hablado de otra cosa; la fiesta, los disfraces, los machos, la fiesta, los machos... Val se retiró a su habitación después de la comida, necesitaba unas horas a solas, dejar de escuchar tanto ruido. Desde que eran tantas en la Mansión, era difícil tener unos momentos de tranquilidad, aunque estaba bien escuchar risas por toda la casa.

Se sentó en su sillón y se cogió un libro. Troy arañaba el cristal del ventanal del balcón pidiendo que le dejara entrar. Le abrió la puerta y le acarició la cabeza. Se volvió a sentar y Troy saltó sobre su regazo, pidiendo atención, que muy gustosa le ofreció. Y así se quedó dormida.

Algunas horas más tarde se despertó por el golpeteo de la puerta. Miró el reloj y vio que tenía el tiempo justo para arreglarse.

 

-Pasa, Lyss.

-Val, ¿quieres que te acompañe para supervisar la fiesta? ¿Ver cómo van los preparativos? -le preguntó Lyss.

-Sip, claro, quedamos abajo en una hora.

-De acuerdo. Hasta entonces.

-¿De qué iras?

-Ummm, sorpresa.

-No sueltas prenda, ¿no?

-Nop, ya me conoces.

 

Y riendo, salió de la habitación. Val se dirigió al baño, se quitó la ropa y se metió en la ducha, dejó correr el agua caliente por su cuerpo durante unos minutos, cuando acabó de enjabonarse, lavarse el pelo y enjuagarse, salió del baño, envuelta en una toalla extra grande y suave. Se acercó al vestidor y sacó el traje largo y negro que se pondría esa noche. Tenía un amplio escote que solo tapaba lo justo y necesario para no ser arrestada, y una abertura en el lateral que llegaba hasta la cadera. Se secó y se cepilló el pelo, que como siempre, llevaría suelto, ya le llegaba por la cintura; negro y espeso, le encantaba tocar su suavidad.

Dejó caer la toalla y se colocó la ropa interior. Después dejó caer el vestido por su cuerpo, le quedaba perfecto; ceñido a sus curvas, la parte superior era una especie de corpiño que se ajustaba con unos cordoncillos por delante. Se miró al espejo y sonrió. Se dio un poco de maquillaje; algo de sombra, un poco de color en las mejillas y brillo en los labios. Se colocó sus botas de caña alta, que también se cerraban con unos cordoncillos por delante, y de tacón muy alto y fino, metiendo sus dagas dentro. Cogió sus complementos y salió de la habitación, dejando el balcón abierto para que Troy pudiera entrar y salir a gusto.

En el pasillo se encontró a Lyss. ¿Lyss? De que iba vestida, ¿de vaca?

 

-Coño, Lyss, ¿qué te has puesto?

-Jooooo, Val, ¿no te gusta mi disfraz? -Dio una vuelta para que pudiera apreciarlo bien.

-¿No había nada de tu talla?

-Me gustó éste. Bueno, ¿nos vamos? No quiero que ninguna me vea hasta llegar a la fiesta, ya sé que se van a descojonar.

-Sí, vamos.

 

Y las dos bajaron corriendo hacia el garaje. Cuando llegaron ante los coches se preguntaron:

 

-¿En el tuyo o en el mío? -preguntó Lyss.

-¿Pero crees que cabes? -le preguntó Val.

-Pues claro que sí. Pero mejor vamos cada una en el suyo, ya sabes, por si..., bueno, ya me entiendes.

-Vale, captado. ¿Piensas ligar algo esta noche con eso?

 

Se metieron en los coches y salieron rumbo al Zero, la noche no había hecho más que comenzar. Corrieron por la carretera solitaria, una adelantando a la otra, hasta que llegaron a la zona urbanizada. Cuando llegaron al Zero, aparcaron en el parking reservado para ellas, eran las primeras, en la casa habían quedado todas las chicas preparándose para la fiesta. Les había dicho que las quería allí no más tarde de las 12.

Bajaron de los coches y Val se colocó los accesorios; un sombrero grande de bruja y una escoba en la mano.

 

-¿Qué te parece? -le preguntó a Lyss.

-¿Te vas a poner a barrer?

-Ja, graciosa, vamos.

 

Cuando entraron, se quedaron asombradas por el trabajo de Rehv, había hecho un buen trabajo. Lo que más atrajo su atención fue el cartel que había colocado, con el escudo de las Ejecutoras.

El local se hallaba en penumbras, aquí y allí habían telas de arañas estratégicamente colocadas, dando un aspecto tétrico al local, las luces habituales habían sido sustituidas por unas que imitaban a las velas, y sobre las mesas habían velas de verdad; negras. De las paredes sobresalían unas antorchas encendidas y multitud de calabazas iluminadas adornaban la barra y los rincones del local. Los camareros habían sustituido su uniforme habitual por unos disfraces. Rehv se acercó a ellas en cuanto las vio, también iba disfrazado.

 

-¿Está a tu gusto? Milady -dijo el macho, sujetando la mano de Val y depositando un beso en ella.

-Está genial, Rehv. Me gusta.

 

Se volvió hacia Lyss para saludarla.

 

-¿Lyss? ¿Eres Lyss?

 

 

Los chicos de la reserva llegaron puntuales, no todos de golpe, pero si poco a poco. También habían llegado los licos, incluido McKenna, y algunos hermanos; John, Blay y Qhuinn. Un macho se acercó y la besó en el cuello, cuando se giró para enfrentarlo, se encontró al macho que solía visitar en la reserva, Mike, traía dos cervezas en las manos y le tendió una. Val la aceptó y le dio un trago.

 

-Has venido.

-No podía perderme esto. ¿Perderme el gustazo de verte metida en ese traje? Nooooo. Estás preciosa. Eres la hembra más hermosa del local.

-No seas zalamero.

-¿Quieres bailar, jefa?

-¿Por qué no?

 

Y se dirigieron a la pista para disfrutar de la música.

Tras unos minutos de baile con el macho, se acercó H y la llevó a la pista para bailar con ella, y sin darle más tiempo de reacción, la música comenzó a sonar.

Una noche para el recuerdo

 

Val estaba en la piscina interior de la Mansión, le gustaba nadar algunas noches cuando disponía de tiempo, hacer unos largos la relajaba, la paz que aportaba el silencio de la sala también ayudaba a ello. Estaba descansando apoyada en el borde cuando Lyss entró con una toalla en la mano, dispuesta a hacerse también unos largos.

-¿Has comprobado que no están las mascotas de June? -preguntó la loba metiendo un pie y probando la temperatura del agua.

-Claro, ¿crees que me gusta nadar con esos bichos dentro? -preguntó Val mirándola con una sonrisa-. Vamos, entra ya, el agua está genial.

Lyss se tiró de cabeza a la piscina y comenzó a nadar a crol mientras Val la observaba apoyada desde el borde. Tras unos largos, la loba sacó la cabeza y se paró junto a ella.

-¿En qué piensas? -preguntó observando el gesto de su cara.

-En nada -respondió la hembra.

-Esa expresión no es de estar pensando en nada -añadió Lyss apoyándose en el borde junto a ella.

Después de unos segundos, Val contestó.

-Pensaba en cómo han cambiado las cosas, como eran nuestras primeras patrullas, y como nos divertíamos después -miró a la loba con una sonrisa ingenua a la que correspondió la otra hembra con una irónica.

-¿Recuerdas la noche de los gemelos? -preguntó Lyss.

-¿Cuál de ellas?

-La primera, la que los conocimos.

-¡Joder! Sí. -Val se quedó con la mirada perdida, con una sonrisa en su boca, y Lyss le dio un codazo bajo el agua.

La patrulla había comenzado como cada noche, les tocaba la zona sur y era una de sus favoritas; tenía buenos locales. Ellas preferían el Wonderful´s; tenía buena música, buen ambiente y buena compañía masculina. Sobre todo, de eso ultimo. Llevaban un año patrullando juntas, o como preferían llamarlo: "salir a cazar".

Tras un par de horas calle arriba calle abajo, escucharon sonidos provenientes del interior de un callejón. Se acercaron escudriñando las sombras y descubrieron a un grupo de cinco machos golpeando a uno que yacía indefenso en el suelo.

-¿Entramos? -preguntó Lyss.

-Son humanos -respondió Val.

-Al que golpean es un licos -comentó la loba. Siendo medio licos, la hembra percibía con más claridad a los de su raza, lo mismo le pasaba a Val con los vampiros.

-Vamos, será pan comido -respondió Val adentrandose en el interior del oscuro callejón seguida muy de cerca por su compañera.

Estaba iluminado únicamente por una sola farola que no desprendía mucha luz, posiblemente, por la suciedad de los cristales que envolvían la bombilla.

-¡¡¡¡Hey!!!! -gritó Val llamando la atención de los machos, que dejaron de golpear al del suelo y fijaron la mirada en ellas.

-Mirad que tenemos aquí -dijo el que parecía ser el jefe-, esto no lo esperaba.

El licos que estaba en el suelo se levantó, estiró el cuello haciéndolo crujir y después habló.

-Largo -les dijo a la banda que lo había estado golpeando.

-No, tío, queremos participar en la fiesta. Nos corresponde un trozo del pastel -respondió el jefe relamiéndose los labios.

Lyss y Val se miraron fijamente intuyendo que sucedía. Entonces sonrieron ampliamente, la de Lyss era una sonrisa lobuna, la de Val dejó entrever sus pequeños colmillos. Después de todo, la noche iba a ser divertida.

-Que os larguéis, esto no os incumbe. -El licos los fulminó con una mirada salvaje que les hizo tomar la decisión de obedecer.

-Sabia decisión chicos -dijo Val con un deje divertido cuando pasaron a su lado, pero en lugar de salir, se quedaron observando desde la entrada del callejón. Si no podían disfrutar de la fiesta, al menos mirarían.

Las hembras no se giraron cuando escucharon el sonido de pasos tras ellas, y en cuestión de segundos estuvieron rodeadas. Cinco lobos en total.

-He escuchado muchas leyendas sobre vosotras dos. No sabía si erais reales, pero parece ser cierto. -El licos golpeado hablaba mientras giraba alrededor de ellas, examinándolas detenidamente.

-Ya lo creo que somos reales. -Lyss se mantenía serena, aunque Val sabía que la sangre le hervía en su interior, el hecho de que algunos especímenes de su raza se dedicaran a actos delictivos era algo que se salía de sus principios. Val solía tener la misma reacción cuando los individuos eran civiles de su misma raza.

-Sois muy valoradas en el mercado negro -siguió diciendo el tipo.

-¿En el mercado negro? Esa es buena, ¿has oído, Lyss? Somos valoradas... en el mercado. ¡¡¡Estamos en el mercado negro!!! -Val parecía radiante con la noticia, solo le faltaba dar saltitos de alegría.

-¿Qué? ¿Eso te hace feliz? -Lyss la fulminó con la mirada.

-¡Joder! Claro que sí. Nunca he sido cotizada antes... ¿Cuánto? -preguntó de nuevo volviéndose interesada hacia el licos.

-¿Cuánto qué? -preguntó el lobo sorprendido.

-¿Pues cuanto costamos? ¿Cuál es nuestro mejor precio? ¿Es muy alto? -preguntó esperanzada. La cara del macho mostró total sorpresa.

-¿De verdad te interesa saberlo, Val? -preguntó la loba sin creer lo que oía.

-Pues claro que si, ¿a ti no?

-No puedo contigo, en serio -respondió la loba.

-¿Pero qué coño hacéis? -interrumpió el licos.

-Shisssss, estamos manteniendo una conversación privada, ¿no te han enseñado modales? -lo acalló Val.

-¿Pero qué...? -Las hembras lo ignoraron y siguieron hablando entre ellas.

-Me has hecho daño, Lyss, de verdad -siguió diciendo Val sin prestar atención a los licos que las rodeaban y que empezaban a mostrarse intranquilos.

-A ver, ¿que he dicho ahora? -preguntó la loba con las manos en las caderas.

-Pensaba que éramos amigas -prosiguió Val agitando un dedo ante la otra hembra-, las amigas no se dicen esas cosas -finalizó cruzándose de brazos.

-Val, céntrate.

-Me estoy centrando, Lyss. Ahora mismo estoy centrada, muy centrada en un tema muy importante. Nosotras. Tú y yo.

La loba hizo un gesto hacia los licos que Val ignoró.

-¿Por qué lo has dicho? -preguntó de nuevo la vampira.

-¡Dios, Val! Vas a volverme loca, ¿te quieres callar y centrar de una puñetera vez? Tenemos algo pendiente -y volvió a señalar hacia los lobos.

-¡Coño! ¡Que os calléis las dos! ¡Joder! -gritó el licos exasperado.

-¿Ves lo que has hecho, Lyss? Ahora van a pensar que no sabemos mantener la boca cerrada y bajaran nuestro precio.

-No lo dirás en serio, ¿verdad? -La loba la miraba perpleja.

-¿Cuándo me has oído hablar y no ha sido en serio, Lyss? Dos para ti y tres para mí, o tres para mí y dos para ti -dijo cambiando de tema inesperadamente.

-Tres para mí -respondió la loba anticipándose a la lucha.

-¿Has oído hablar de la distracción, Lyss? Ellos... creo que no... -se volvió de pronto mirando fijamente al licos que seguía ante ella sin entender qué era lo que pasaba, y mucho menos, lo que se les venía encima.

Metió las manos en el interior de su abrigo y aferró las empuñaduras de sus dagas, miró a la loba durante un segundo, y ésta asintió. Las sacó con un movimiento rápido y se lanzó a por el lobo pillándolo por sorpresa. Le hizo un corte trasversal en el pecho y el tipo bajó la vista atónito, después le lanzó una patada al estomago y cayó hacia atrás. Los humanos, que se habían mantenido observando toda la escena, decidieron largarse en ese momento. Val les cortó la salida con un salto rápido y sorprendente por la distancia recorrida.

-No, no... -dijo moviendo la daga de izquierda a derecha-, dentro, no hemos acabado con vosotros. Sí, ahí estáis bien -indicó cuando los humanos se colocaron a un lado contra la pared-, no os mováis y no recibiréis, y sobre todo, no intentéis escapar -puntualizó fulminándolos con la mirada.

Los humanos no creían lo que veían, permanecían asombrados pegados a la seguridad de pared sin respirar siquiera. Las hembras golpeaban con fuerza y precisión, y aun estando en clara minoría, tenían la situación controlada desde el principio. En cuestión de minutos, habían acabado con los machos, y estos yacían en el suelo; unos inconscientes, otros sin poder moverse por las heridas sufridas.

-¿Qué vas a hacer con ellos? -preguntó Lyss señalando hacia los humanos mientras limpiaba sus dagas sobre la ropa de uno de los licos.

-Han visto demasiado, no podemos dejarlos ir así, pero...

-Val -la detuvo Lyss.

-Sólo voy a borrar un poco de sus recuerdos -le respondió la hembra con un gesto de impaciencia-, les dejaré la bonita visión de una pelea callejera de la que han sido testigos -añadió sonriendo mientras se acercaba a ellos.

Minutos más tarde salían del callejón riendo y comentado divertidas los diferentes movimientos que habían efectuado durante la lucha.

-Te has adelantado en el paso, Val -indicó la loba.

-Me ha salido perfecto, tú sí te adelantaste y casi me cortas con la daga. -La vampira señaló su brazo allí donde la daga de su compañera estuvo a punto de herirla.

-Si fuiste tú quien te agachaste antes -se quejó Lyss.

-Porque me hiciste el gesto con la mano. -Val hizo el movimiento imitando a la loba.

-¡¡¡Me estaba rascando!!!

-¡Joder!, pues vamos a tener que cambiar la señal.

-La próxima vez te toca ser el poli serio, Val. No es tan divertido.

-No te quejes, que te he dejado a tres.

-Qué hacemos ahora. ¿Seguimos? -La loba miró a ambos lados de la calle decidiendo qué dirección tomar.

-Nah, vamos a tomar algo, tengo la garganta seca -respondió Val.

-Si no te callas, coño -bromeó Lyss dándole un empujón.

Las hembras fueron hasta donde habían dejado aparcadas las motos, una BMW del 68 de Lyss y la Harley Davidson del 77 de Val, después arrancaron en dirección al local. Cuando llegaron al Wonderful´s, aun había cola en la puerta para entrar, aparcaron sus tesoros y dejaron parte de las armas bajo el sillín adaptado, conservando con ellas un par de dagas pequeñas. Como clientas habituales, el portero las dejó pasar sin hacerlas esperar, y ya en el interior, se dirigieron a la barra. La música era buena, y sonaba alta por todo el local. Las luces giraban sobre la pista que a esa hora aun se encontraba llena, en su mayoría, de humanos bailando. Los Bee Gees y su Fiebre del Sábado Noche estaban causando furor ese año, solían ponerla varias veces a lo largo de la noche.

-¿Qué os pongo, princesas? -preguntó el barman cuando llegaron a la barra.

-Tú siempre tan atento, Rick -contestó Val con una sonrisa seductora-. Una cerveza, ya sabes -se acercó hasta el macho y le susurró -, la más fría que tengas.

-Especialmente para ti -respondió Rick -, ¿y a ti, preciosa?

-A mi puedes ponerme un zumo, el más frio que tengas, por favor -respondió la loba imitando con una sonrisa burlona a su compañera. El camarero rió y se alejó.

-Ja ja ja, que graciosa, que sepas que soy inimitable. -Val se giró hacia la pista y apoyó los codos sobre la barra-. ¿Cuándo vas a pedir algo que no sea... zumo? -preguntó en un tono despectivo hacia la sustancia.

-¿No te cansas de preguntar cada noche lo mismo? -preguntó la loba haciendo el mismo movimiento y quedando de cara a la pista.

-Ya sabes que no, es parte de mi encanto. -Val cogió la cerveza que Rick acababa de dejarle y le dio un trago largo.

-Eres un coñazo -respondió la loba mientras cogía su copa.

-Soy todo dulzura. -Val pestañeó con una pose sexy enfatizando el significado de sus palabras.

-Sí, tienes un irresistible magnetismo -añadió Lyss con ironía y bebiendo de su zumo.

-Eso también. Soy irresistible y encantadora, no te puedes resistir -le siguió el juego la vampira.

-Irresistible y encantadora, para ellos -comentó la loba señalando con la cabeza a un grupo de machos humanos que devoraban con la mirada a su compañera -, a mí, ni fu ni fa, ya sabes que me van más... masculinos.

-Saluda a tu grupo de admiradores, Lyss -le reprochó Val que ya había cumplido con una amplia sonrisa a los que la loba le había indicado-, no seas desagradable, mira como te acechan.

-¿¡Pero les has visto!? Si se ponen de perfil, desaparecen. Demasiado frágiles, no me durarían un asalto.

-¿No tienen suficiente chicha? -preguntó la vampira con una sonrisa picara.

-No, necesito donde sujetarme, Val, con un par de movimientos, se les rompe la cadera, ya sabes lo que le pasó al último -la loba suspiró después de decir esas palabras.

Val la agarró del brazo y tiró de Lyss en dirección a la pista, sacando a la loba de sus pasamientos.

-¡¡¡¡Val!!!! Mi zumo... -gritó la loba intentando agarrar el vaso de la barra.

-Te pides otro... ¡¡¡¡Vamos!!!!! Me encanta esta canción -gritó a su vez Val haciéndose oír por encima del sonido de la música y sin soltar el brazo de su compañera.

Fiebre del Sábado Noche volvía a sonar en la pista, se hicieron un hueco entra la multitud de humanos que bailaban y al momento tenían todas las miradas puestas en ellas; los machos con deleite, disfrutando de los movimientos de las dos, las miradas de las hembras eran de odio y desdén al haberles robado la atención masculina del local. Lyss y Val bailaban sin prestar atención ni a unos ni a otros, concentradas en su propio disfrute con el baile. Los machos intentaban acercarse a sus cuerpos, pero sin mucha suerte en sus objetivos. Las hembras, con movimientos sensuales, esquivaban cualquier intento por parte de ellos. Después de unos minutos, y cansadas por el baile y los múltiples intentos, volvieron riendo a la barra.

-Esto es para vosotras -comentó Rick cuando se acercaron para pedirle algo de beber y dejando un zumo fresco y una cerveza nueva.

-Gracias, Rick. -Lyss cogió su vaso y le dio un trago mientras Val hacia lo mismo con su cerveza, ambas sedientas.

-Agradécelo a ellos -le guió un ojo y señaló hacia una pareja de machos idénticos-, son los que os invitan.

Las hembras levantaron las copas sonriendo a modo de saludo, y los gemelos hicieron lo mismo.

-¿Qué te parecen? -preguntó la loba girándose hacia la barra.

-¿Son iguales o veo doble por la cerveza? -Val miró el contenido de su botella y lo olió.

-Tranquila, son gemelos -respondió Lyss dándole un codazo en las costillas.

-Están... apetecibles. A pesar de ser humanos -añadió la vampira.

-¿El de la derecha o el de la izquierda?

-Me da igual -respondió Val encogiéndose de hombros.

No les dio tiempo a seguir hablando ya que los machos se acercaron por detrás. Conversaron brevemente, hicieron las presentaciones de rigor y después fueron a la pista. Uno de los gemelosrodeó la cintura de Val y se pegó a su cuerpo desde atrás, bajó lentamente sus manos por los muslos de la hembra y después las colocó sobre las caderas, guiándola con sus movimientos. Apoyada sobre el pecho del macho , podía sentir los músculos contra su espalda, y el cálido aliento en su cuello, acariciándolo. Miró a Lyss y estaba tan cómoda como ella misma acompañada por la otra mitad de la pareja. Tras un par de bailes envueltos en pura sensualidad, donde el macho no dejó de acariciar su cuerpo descubriendo nuevos rincones bajo su ropa, la intensidad fue subiendo hasta caldear el cuerpo de la hembra. Le guiñó a la loba y se separó del cuerpo del macho humano, recibiendo una protesta de su parte.

-¿Te vas? -preguntó éste sujetándola suavemente por una mano.

-Si -respondió Val con una sonrisa seductora y mordiéndose el labio inferior.

-¿Sola?

-¿Te atreves a acompañarme? -contestó con una sonrisa picara y pasando una mano por el pecho del humano.

A Ross se le iluminó el rostro de expectación y siguió a Val cuando ésta comenzó a andar hacia la salida del local. Cuando llegó hasta su moto, se detuvo a su lado.

-¿Es tuya? -preguntó admirado.

-Haces muchas preguntas -respondió Val. Arrancó el motor y lo hizo rugir -. ¿Subes? O me largo.

El macho subió detrás y se agarró a su cintura, Val aceleró provocando que se pegara más a su cuerpo y salieron del aparcamiento. Tenía un apartamento en la ciudad que utilizaba para estos encuentros, y puso rumbo a él, aunque le gustaba dar un pequeño rodeo para disfrutar del aire fresco de la noche contra su cara. Cogió una de las carreteras secundarias que llevaban hasta el otro punto de la ciudad y a su pequeño apartamento de 100 m2 , que había comprado después de un impulso momentáneo tras verlo en una revista de casas de lujo.

El humano comenzó a recorrer su espalda lentamente con una mano, después bajó por su cadera buscando el interior de sus muslos y los recorrió suavemente sin llegar a rozar lo que la hembra mas deseaba. Abrió su abrigo de cuero y subió por su estomago plano, deteniéndose al borde de su corta camisa negra e introduciendo una mano por debajo hasta llegar al montículo de su pecho. Frotó con delicadeza la palma de su mano contra el pezón erecto de la hembra, disfrutando de su dureza y suavidad. Val jadeó ante el contacto, el macho tenía la mano fría contra su piel caliente, el contraste de temperatura la hizo excitarse más aun de lo que ya estaba. Sonrió satisfecho y abandonó la calidez bajo la prenda para descender hacia la cinturilla del pantalón, introduciendo la mano en el interior buscando su centro.

¡Joder!, como siga así no voy a ser capaz de llegar a casa, pensó la vampira. Aminoró la velocidad y salió de la carretera agradeciendo la calidad de su visión nocturna. Apagó los faros, el motor y dejó deslizarse la moto con el impulso que aun mantenía de la velocidad anterior. La detuvo completamente y bajó, seguida del macho.

-¿Aquí? -preguntó éste.

-¿No te gusta el lugar? ¿O tienes frio? -respondió sonriendo mientras terminaba de abrir los botones de su abrigo.

-¿Me estás provocando? -Ross se acercó lentamente sonriendo con una mirada cargada de lujuria.

-¿Lo estoy consiguiendo? -Val se apoyó contra un muro viejo medio derruido, abriendo por completo su abrigo y dándole una visión total de su cuerpo.

El macho reaccionó al instante pegándose a ella, recorriéndola con las manos mientras besaba su boca con pasión.

¡Joder! Este tipo sabe cómo usar la lengua, espero que su gemelo sepa hacer los mismos trucos, pensó Val. El susodicho abandonó su boca para descender por su cuello, dejando un rastro de pequeños mordiscos en el recorrido. Llegó hasta el montículo de sus pechos haciendo saltar los botones la camisa de un tirón, y pasando a devorarlos con deseo.

-Eh... Te has cargado mi camisa -protestó la hembra, recibiendo un gruñido como respuesta.

El macho acalló sus protesta con su boca, mientras deslizaba una mano por el interior del pantalón buscando el calor de su entrepierna. Val jadeó y olvidó todo lo que no tuviera que ver con lo que las manos de Ross hacían en su cuerpo. Tiró de la cazadora hasta quitársela, le subió el jersey buscando su calor y acarició con las uñas su amplia espalda. El macho jadeó contra su boca y abandonó el cuerpo de ella para desbrochar con impaciencia su propio pantalón. Con un movimiento rápido, Val se desprendió del suyo y tiró de él acercándolo a su cuerpo y quedando aprisionada contra la fría pared. Alzó los brazos para sacarle el jersey y una de sus dagas cayó al suelo rozándole el muslo desnudo.

-¡Joder! -masculló.

-¿Qué? -preguntó el macho contra su cuello.

-Nada -respondió Val mientras intentaba acercarla con un pie.

-¿Qué es eso? -preguntó el humano mirando su movimiento.

-Nada -repitió de nuevo la hembra.

-¿Es un cuchillo? -La sorpresa sonó en su voz.

-No, es mi... ¿Quieres centrarte? -Val metió la mano dentro de su pantalón y jugó con su patente virilidad, consiguiendo de inmediato toda la atención del macho.

La alzó de las caderas y la envistió con fuerza, disfrutando durante unos segundos del interior de la hembra que lo acogió con calidez. Comenzó con movimientos suaves que fueron aumentando de intensidad ajustándose a los deseos de la hembra, para después volver a disminuir disfrutando juntos del placer de las sensaciones. Tras unos minutos de desenfreno, donde Val se sujetó a los hombros del macho para resistir los duros envites, el éxtasis recorrió sus cuerpos envolviéndolos en una ola de placer, dejándolos jadeantes y sudorosos el uno sobre la otra.

Después de unos minutos, cuando el ritmo de su corazones se tranquilizó, el macho se alejó de su cuerpo con una sonrisa satisfecha en la boca mientras abrochaba sus pantalones. Se agachó para recoger su cazadora y Val aprovechó el momento para colocarse sus pantalones con un movimiento rápido imperceptible para el ojo humano.

-¿Cómo has hecho eso? -preguntó sorprendido por segunda vez esa noche.

-No preguntes -respondió Val mientras recogía su daga y la guardaba en el interior de su abrigo dándole la espalda al humano.

-Pero...

-Shissss -Val se giró acercandose hasta él y puso un dedo sobre su boca-, ya te he dicho que preguntas demasiado.

-¿Nos vamos? -preguntó el humano cuando la vio acercarse a la moto.

-Sí.

-¿A tu casa? -preguntó ilusionado pensando en otra sesión de sexo.

-No.

-¿Entonces?

-A la tuya. -Val arrancó la moto.

-¿A la mía? -preguntó sin entender-, dijiste que íbamos a la tuya.

-Eso fue antes. -¡Dios! ¿Este humano ha perdido todas las neuronas después del esfuerzo?, pensó la hembra-. ¿Subes? ¿O prefieres volver andando? -Después de unos segundos, el macho subió detrás con resignación y se pegó a su cuerpo-. La dirección -le pidió la hembra-, y mantén las manos quietas -le advirtió.

Siguiendo las indicaciones del macho, condujo en dirección al centro de la cuidad. Tras de unos minutos, detuvo la moto ante el portal de un edificio de estructura moderna. Éste se bajó y esperó esperanzado a que la hembra lo acompañara.

-Hasta... la próxima vez -dijo Val viendo que no se movía.

Lo sujetó del cuello del jersey y lo atrajo hacia sí, atrapó su boca en un beso suave mientras le borraba los recuerdos sobre ella, pero le permitía conservar los de la cita. Cuando volviera a verla, no la recordaría, pero Val sabía que ese no iba a ser su único encuentro. Para ser humano, tenía fuerza y resistencia, aunque hacía demasiadas preguntas. Pero lo suplía con entusiasmo, ardor, ímpetu, fogosidad. Todas excelentes cualidades que ella apreciaba.

Aceleró un poco la moto dejando allí a Ross con una sensación de bienestar, pero sin recordar con quien había tenido tan grato encuentro. Lo vio por el espejo retrovisor caminar lentamente y entrar en el interior del edificio, entonces aceleró mas perdiéndose en la noche en dirección a la Mansión.

Como llegué a ser lo que soy...

 

 

 

Val estaba en la biblioteca, tumbada sobre un gran sillón mientras debatía con Sheiztler sobre el entrenamiento de esa tarde. El macho la había tumbado un par de veces de muy mala manera, a traición. El llanto de un bebe se oyó por toda la Mansión y ambos salieron corriendo de la estancia para ver de dónde provenía. La estampa de su padre sosteniendo un bebe entre sus brazos los dejó helados en el umbral de la puerta. ¿Qué hacía Adrien con un bebe? ¿De dónde había salido? Val y Shey se miraron un segundo antes de preguntar.

 

-¿De dónde ha salido eso? -Val señaló el bulto que sostenía.

-No es eso, hija, es un bebe -dijo sonriendo.

-Se perfectamente lo que es, papá. ¿De dónde lo has sacado? -preguntó de nuevo acercándose hasta él. Extendió una mano retirando la manta que lo cubría para ver cómo era, y el precioso bebe le agarró uno de sus dedos cuando rozó la pequeña carita redonda.

-Estaba a las puertas de la Mansión, en un canastillo, abandonado ante la verja. No tiene nada que lo identifique. -Adrien miró al pequeño con una sonrisa extasiada en su boca.

-¿Y qué vamos a hacer con un bebe en la casa? -preguntó la hembra.

-Ya le buscaremos una familia, mientras, toma... hazte cargo de él, las hembras sabéis qué hacer, instinto maternal, lo llaman. -Hizo un amago de entregarle el bebe.

-¿¿¿¡¡¡Que!!!??? -gritó Val horrorizada y apartándose de un salto, como si la hubiera quemado-. Yo no tengo ni idea de qué hacer con eso -hizo un gesto hacia el pequeño-, ¡y no tengo instinto maternal! -añadió con los brazos apoyados en las caderas.

 

Sheiztler se acercó en ese momento, el macho se había mantenido apartado durante todo ese tiempo. Cogió con sumo cuidado al bebe que Adrien sostenía en brazos y lo acunó en los suyos. El pequeño parecía minúsculo entre los dos enormes guerreros. Val los miró asombrada, sus manos grandes podrían partirlo por la mitad con suma facilidad, en cambio, le hacían carantoñas que el bebe agradecía sonriendo y balbuceando. La hembra se acercó lentamente sin quitar ojo de la escena, si ellos podían, ¿por que ella no? Sheiztler puso el bulto en sus brazos y la ayudó a acomodarlo entre ellos. Joseph apareció sonriendo con un biberón entre sus manos y se lo tendió. ¿Aún conservaban esos cacharros? ¿Cuántos años podía tener? ¿Veintitrés?, pensó. Se lo acercó al pequeño a la boca y éste comenzó a chupar con avidez, estaba hambriento. Una sonrisa se dibujó en su cara mientras lo veía comer.

Los días pasaron convirtiéndose en semanas y después en meses. El pequeño resultó ser pequeña y la llamaron Jecrufe. Cuando llegó a la Mansión apenas tenía peso, pero con el paso del tiempo, fue ganándolo y convirtiéndose en un bebe rollizo y saludable. Nadie volvió a pensar en buscarle una familia, estaban tan acostumbrados a ella que no imaginaban deshacerse de la pequeña.

 

Hasta que una noche mientras cenaban, Adrien le comunicó que iba a enviar a la cría a un internado, tenía dieciocho meses y necesitaba educación. Lo que pretendía era mantenerla a salvo, y cuanto más alejados estuviera de ellos, mejor sería para la pequeña. Así fue como Jecrufe abandonó la casa que había sido su hogar durante un tiempo.

 

Uno meses más tarde, la desgracia se cernió de nuevo sobre la Mansión.

Val estaba en la sala de billar, se había quedado sola en la gran casa y no tenía ni idea de a donde habían ido  los machos; primero salió su padre, después Sheiztler. El grito horrorizado de una hembra se oyó hasta en la sala en la que se entretenía echando una partida en solitario. Dejó caer el taco, sacó sus dagas con rapidez, y salió corriendo buscando la procedencia del grito. En el hall había una doggen llorando y mordiéndose el puño para no volver a gritar. Caminó despacio y miró hacia el lugar del que la hembra no apartaba la mirada. La sangre abandonó su cuerpo en ese mismo instante. Sus piernas flaquearon. Dejó caer las dagas, que cayeron al suelo con un sonido metálico.

Sheiztler estaba en el suelo sosteniendo el cuerpo inerte de Adrien entre sus brazos. Su grito atravesó las paredes de toda la casa. Se arrodilló ante su padre sin apartar la vista de Shey, implorándole con la mirada que le confirmara que sólo estaba herido, podía ver cómo  la sangre manchaba el suelo.

 

-Lo siento, Nely. No pude llegar a tiempo. -Sheiztler le aguantó la mirada unos segundos antes de desmaterializarse.

 

Valnelia zarandeó el cuerpo de su padre, llamándolo a gritos mientras las lágrimas corrían por sus mejillas. Intentó tapar las heridas con sus propias manos para que la sangre dejara de manar mientras a gritos pedía toallas. Joseph la sujetó por los hombros y la levantó del suelo con gran esfuerzo, otro doggen cubrió el cuerpo con una sabana, ocultándolo a la vista; el hall se había llenado de todo el servicio que acudió al escuchar las voces. La hembra se desmayó en los brazos de Joseph, que la sujetó antes de caer al suelo y la subió a su habitación, la dejó sobre la cama con cuidado y desabrochó los botones de su camisa, dejándola  descansar.

 

Bendito Joseph, gracias a dios, se había encargado de todos los preparativos para la noche siguiente.

Val se arregló como una autómata, agradecida al doggen que tanto tiempo llevaba con ella. Se puso un vestido, como a su padre le gustaba, vistiendo el color de su familia; el negro absoluto. Durante todo el funeral no derramó una sola lágrima, las había derramado todas en su habitación. Joseph se colocó a su lado y apretaba su brazo reconfortándola  cuando sabía que la hembra lo necesitaba.

¿Y Sheiztler? El muy bastado no había aparecido. No sabía nada de él desde que se desmaterializó del hall la noche antes.

Adrien fue enterrado junto a la tumba de Lilian, bajo uno de los arboles preferidos de su madre, dentro de los terrenos de la Mansión.

Pasó días sin salir de su  habitación, sin apenas alimentarse y sin levantarse de la cama. Se estaba consumiendo en la soledad de su dormitorio. El rechazo de la Glymera negándose a que ella heredara el titulo de Princeps de su padre, asestó otro duro golpe sobre la hembra. Lo había dejado en mano de sus abogados, pero el asunto no iba bien, ni tenía fuerzas para enfrentarlos. Otra vez volvían a despreciarla por ser mestiza. A ella le importaba una mierda todas esas cosas de la nobleza vampírica, pero Adrien sí creía en muchas de sus reglas, y aunque en los últimos años había dejado de relacionarse con ellos por los desprecios a su hija, jamás pensó que fueran capaces de negarle lo que le pertenecía por derecho de nacimiento.

 

Una noche sorprendió a Joseph pidiéndole que preparara el coche de su padre, iba a salir. El doggen se colocó al volante y siguió las instrucciones de la que ahora era su Ama, o señora, como la hembra lo había instado a llamarla tras no conseguir que la llamara Val, a secas. Joseph la miró por el retrovisor interior del vehículo, su aspecto dejaba mucho que desear al de hacía sólo unas semanas; estaba demacrada, con los ojos hinchados, había perdido el color saludable de su piel y también había adelgazado. Su rostro se había vuelto serio, dejando atrás a la hembra joven, divertida y distraída que había sido tan solo unas semanas antes. Había perdido el brillo de su mirada y la alegre sonrisa. Ahora sus labios era una fina línea en su rostro, y sus ojos se habían convertido en dos zafiros azules; fríos y tristes.

 

Tras unas horas de viaje en completo silencio, llegaron al exclusivo colegio donde Jecrufe estaba internada. Cuando la pequeña la vio, se lanzó a sus brazos, Val la cogió y la besó con ternura. En todo el tiempo que la niña estuvo allí, ella la había visitado varias veces, con o sin su padre. Y esa noche había ido para llevársela de vuelta a casa.

 

La Mansión volvió a cobrar vida con la llegada de la pequeña, los doggens sonreían de nuevo con las ocurrencias de la cría, aunque todos seguían echando de menos a su Señor. Sobre todo ella. La normalidad volvió al hogar, dejando atrás la sombra de oscuridad que la había envuelto durante ese periodo de tiempo.

 

Con los meses, Val comenzó a salir por las noches, necesitaba relajarse de la presión que le provocaba el peso de las responsabilidades que de pronto, habían  caído sobre sus hombros. Se sentía responsable de la casa y de todos sus habitantes, de proporcionarles seguridad y sustento. La Glymera intentó quitarle sus pertenencias al no reconocerla como Princeps, pero su padre había dejado esa parte muy bien atada en su testamento y no consiguieron arrebatarle ninguno de sus bienes materiales, ni tampoco su orgullo como mestiza.

Iba a locales como el Screamer´s, donde la música y la bebida proporcionaban diversión, o eso creía. Cada noche buscaba un macho diferente. Prefería a los humanos, le era más fácil borrarles parcialmente el recuerdo de una buena noche de sexo, pero tan solo borraba su rostro para que no pudieran identificarla permitiéndoles guardar el resto del encuentro, si no lo hacía así, sentía que los usaba como vía de escape, aunque exactamente, eran eso para ella; receptáculos donde depositar su tristeza a cambio de unos minutos en los que volvía a sentirse viva. Le daba igual como se llamaban, donde vivían, o qué hacían con sus vidas. Para ella, nada de eso era importante. Como tampoco lo era donde lo hacían, daba igual si era un callejón vacío y oscuro, o el interior del coche del afortunado. El lugar era lo de menos, lo importante era el momento. Punto y final.

 

Con el tiempo se volvió más selectiva a la hora de elegir el receptáculo anónimo que esa noche canalizaría su dolor. Sin querer, los comparaba con Shey, e indudablemente, ninguno estaba a su altura. El maldito cabrón había sido su amor platónico durante años, desde que apenas era una adolescente. El mismo bastardo que había desaparecido hacía meses y que no había vuelto a dar señales de vida.

Esa noche había rechazado a tres. Aburrida, acabó su tercera cerveza y salió del local. Fuera estaba lloviendo, pero no le importaba en absoluto, al contrario, le gustaba la lluvia, sentía como si el agua limpiara los recuerdos de lo que hacía cada noche, cómo si eso fuera posible. En su interior sabía que lo que hacía no estaba bien, y por supuesto, su padre no lo aprobaría en absoluto.

 

Abrochó su largo abrigo y sintió el peso de sus dagas en el interior, las que su padre le había regalado hacía unos años. Recordó lo orgulloso que se sintió la noche que se las entregó en una caja de terciopelo negro que aun guardaba. Desechando los recuerdos dolorosos, comenzó a caminar tranquilamente bajo la lluvia hacia su coche, lo había aparcado a unas manzanas de distancia ya que era imposible aparcar cerca del local. No le importaba, le gustaba andar. Llegó hasta el vehículo y alzó la cabeza, dejando que la lluvia golpeara su cara llevándose el rastro de tristeza que no la abandonaba desde hacía meses.

 

De pronto, la agarraron por la cintura y la arrastraron a la oscuridad de un callejón, empujándola al interior con violencia. Se golpeó la cabeza con fuerza contra la pared cuando chocó contra el frío muro, quedando atontada durante unos segundos. Inmediatamente, inmovilizaron sus muñecas sujetándolas por encima de su cabeza y un cuerpo se colocó sobre el suyo, situándose entre sus piernas e imposibilitándole cualquier movimiento.

El miedo la paralizó por completo sin dejarla reaccionar.

 

-¿No somos lo bastante buenos para ti, mestiza? -El tipo sonreía mientras sujetaba su mandíbula con una mano, obligándola a mirarlo a los ojos-. Sí, puedo olerlo, eres una de las nuestras, pero por debajo tienes otro olor que no reconozco -susurró contra su boca. Pudo oler el whiskey barato que el tipo había tomado y se le revolvió el estomago de asco.

-Haz que suplique, Kay -susurró contra su oído el que sujetaba sus manos, erizándole el vello de la nuca. Sus tripas se contrajeron  cuando el tipo pasó su lengua lamiendo su cuello hasta su mejilla  dejando un reguero de saliva.

-Sí, nos va a suplicar, Rish. ¿Verdad, mestiza? -escupió la última palabra con repulsión.

 

Abrió el abrigo de la hembra rompiendo los botones y dejó a la vista  el minúsculo top que llevaba, metió una áspera  mano bajo la prenda y recorrió su suave piel lentamente hasta llegar a uno de sus pechos, que tomó con rudeza causándole dolor. El tipo sonrió de satisfacción cuando retorció el pezón y la hembra hizo una mueca de dolor.

-Vamos, Kay, empiezo a impacientarme, y quiero correrme dentro de ella. -El que acababa de hablar estaba situado por detrás de ellos, tenía una sonrisa lasciva en su boca que Val pudo ver, y una mano metida bajo sus pantalones. Sintió asco al pensar en lo que estaba haciendo allí debajo.

 

No necesitó sumar dos más dos para saber quiénes eran.

 

-¿Oyes? Mis amigos tienen tantas ganas como yo. -Se movió contra su cadera para que pudiera comprobar lo cierto de sus palabras, Val sintió el bulto hinchado bajo sus pantalones. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo. Se removió bajo el macho intentado sacárselo de encima y sólo consiguió que el tipo se pegara mas a ella, impidiéndole respirar. Después, con una sonrisa, se separó de su cuerpo y ella respiró de nuevo. Desabrochó el cinturón y bajó la cremallera despacio, disfrutando de las expresiones de la hembra. A continuación, sacó orgulloso el miembro erecto y lo dejó a la vista. ¡Dios, tenía ganas de vomitar!-. ¿Ves, zorra? -continuó el tipo-, ahora vas a tomarlo en tus manos, y si te portas bien, puede que te deje chupármela. -Le hizo un gesto al que sujetaba sus manos y éste la soltó, pero colocó un cuchillo en su cuello.

 

Sintió asco en ese momento; asco por ellos, por lo que querían hacerle, y que seguramente habían hecho eso mismo muchas veces antes, y asco por sí misma, porque tras años de duros entrenamientos, iba a permitir que sucediera. Nunca antes había peleado por salvar su vida, pero eso no era motivo para sentirse aterrorizada como en ese momento. Esa no era ella, bueno, hacía tiempo que había dejado de ser ella misma. Las arcadas dieron paso a una sensación de odio, sintió crecer la ira en su interior, rompiendo ese miedo que la había paralizado hasta entonces.

El tipo se acercaba lentamente, con una sonrisa estúpida en su cara, saboreando ya el momento. Val le descargó una patada en el estomago, lanzándolo hacia atrás. El que tenía el cuchillo en su cuello se quedó tan sorprendido que no reaccionó a tiempo. La hembra sujetó su antebrazo y lo golpeó contra su rodilla, haciendo que soltara el cuchillo y descargando un puñetazo con toda la fuerza que envolvía su cuerpo. Sacó las dagas del interior de su abrigo, el frio del metal, que brilló bajo la luz de la luna, la reconfortó, y le dio confianza en sí misma.

 

-Ahora vamos a jugar, bajo mis reglas -sonrió satisfecha al haber recuperado la frialdad, y también su seguridad-. Comienza el juego, chicos.

 

Acostumbrada a pelear con guerreros y entrenada durante años por dos de los mejores, acabar con los civiles le resultó relativamente fácil, y aburrido. En cuestión de minutos, los tenía tumbados en el suelo.

Cuando era joven, su padre también había adiestrado durante años a los hijos de algunos compañeros y amigos. A ella le gustaba batirse con los pre-trans, y así comprobar la eficacia de su propio entrenamiento. Era más pequeña que los machos, pero también más rápida, más ágil, y más lista.

Agazapada sobre el que llamaban Kay, lo agarró por el cuello de su camisa y alzó su cabeza, dejándolo a escasos centímetros de su cara.

 

-Espero que no olvides esta noche, yo no lo haré. -Por supuesto que no iba a olvidar el terror que había sentido, y se juró allí mismo que eso no iba a volver a pasar, que ningún macho iba a atemorizarla de esa forma en su vida-. No olvides que voy a vigilar tus pasos, y los de tus amigos -añadió mirando a los otros dos que yacían cerca-. ¿Ves ésta? -Colocó una daga a escasos centímetros de su cara-, sí, mírala bien. La próxima vez que te encuentre en una situación remotamente parecida a la de esta noche, te corto las pelotas. ¿Entendido? -Apretó la entrepierna del macho que gimió de terror.

 

Se levantó de un salto, guardó sus  dagas mientras los observaba y salió del callejón. No los había herido de gravedad. Sabía donde dañar sin que por ello llegaran a desangrarse, pero sí causar dolor para que no lo olvidaran. Metió la llave en la cerradura de su coche y entró en el interior. Encendió el equipo de música y se colocó el cinturón mientras veía salir a los tipos del  callejón.

¡Joder! La lucha contra los civiles la había devuelto a la vida, se sentí eufórica, llena de emociones otra vez. Sonrió de verdad después de unos cuantos meses. Y la había dejado con ganas de más..., pero regresó a la Mansión.

 

Volvió a salir de cacería cada noche, ofreciéndose ella misma como presa. Hizo todo lo posible por investigar quien había matado a su padre, pero sin ninguna pista por la que comenzar, era muy difícil averiguar cualquier indicio. Y quien podía aclararle algo, no estaba allí para hacerlo. Cada día maldecía a Sheiztler y no le perdonaba el que se hubiera marchado así. La lucha la mantenía activa, y la hacía olvidar por un rato la presión de la responsabilidad a la que no estaba acostumbrada.

 

Una de esas noches en las que había salido de caza, se encontró rodeada por un grupo de machos, comenzaba a crearse cierta fama y esta vez, le habían preparado una trampa en la que había caído. Se había dejado llevar por la confianza en sí misma, craso error. Si salía de ésta, se juró que nunca volvería a dar nada por hecho, por muy segura que estuviera de ello. Superada en número, daba por finalizada su existencia cuando de entre las sombras salió otra hembra armada como ella. Lucharon espalda con espalda hasta acabar con la banda. Después se fueron juntas a tomar algo para celebrarlo, tenían mucho de lo que hablar.

Cada noche, durante semanas, hicieron lo mismo. Se reunían, luchaban, tomaban algo, y después se separaban. Esta hembra, al igual que ella, tenía sus propios fantasmas que vencer.

 

Con el tiempo, le ofreció su casa, era lo suficientemente grande como para alojarla allí. La hembra tardó días en aceptar su ofrecimiento, pero al final se mudó. Entrenaban, hacían planes de ataque, se dividían zonas... Tenían un mismo objetivo.

Después de Lyss, llegaron más: Beriz, Pati, Mary, Carmen. Hembras que como ellas, estaban solas, sabían luchar y querían ayudar. Empezaban a convertirse en leyenda; se hablaba de ellas, pero no sabían quiénes eran.

 

Ahí comenzaron las reformas en la Mansión, adaptándola a la nueva situación. Sótano y planta baja necesitaron alguna remodelación para ajustarlos a las nuevas necesidades. En la primera planta, Val agregó a su habitación la que había sido hasta ese momento la de Adrien, convirtiéndola en su despacho.

 

Contactó con ciertos conocidos de su padre y les ofreció su servicio, así fue cómo nacieron las Ejecutoras.

 

A Kira la rescataron en una de las incursiones para las que habían sido contratadas. Era una cría de cinco años, pero detuvo una bala destinada a una de ellas. Se crió en la Mansión al cuidado de todas, como Jecru, que ya tenía tres. Vik fue encontrada en una situación parecida un par de años más tarde, también era una cría de la que no sabían nada de su procedencia. Las tres niñas fueron criadas por ellas, y cuando alcanzaron la edad suficiente, comenzaron a recibir entrenamiento.

 

Durante un tiempo, vivieron machos en la Mansión, ahora están prohibidos, a menos que exista un vínculo entre ellos. Val los conoció una noche en la que se adentró en un bosque cercano a la casa. Sus historias la conmovieron y les ofreció su hogar, pero la casa se convirtió en un caos; hembras jóvenes con las hormonas alborotadas y machos igual de jóvenes que ellas, y con las hormonas igualmente de alborotadas. Se vio obligada a trasladarlos a una casa de campo en los terrenos de la Mansión, desde entonces viven allí.

 

Años más tarde empezaron a llegar el resto. Lacor fue la primera que llegaba buscándolas después de mucho tiempo. La siguieron: Nita, Mim, June, Hécate, Poli, Dream, Beth, MarieC, Ista y Savannah. Todas adquieren un compromiso cuando entran, y todas juran no revelar la ubicación de la Mansión. Ahora forman un nutrido grupo, todas son fieles entre ellas, y a sus principios.

 

En muchas ocasiones, Val piensa en lo orgulloso que su padre estaría de ella, o no, pero prefiere pensar que sí. Él quería educar a su hija como una señorita, pero se ha convertido en una guerrera. Y una de las mejores, rodeada también de las mejores.

 

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